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Vanina A. Papalini, quien realizó el primer estudio académico latinoamericano acerca del “fenómeno manga y anime”, llegó a la conclusión que estos vienen a suplir una necesidad de los consumidores que la industria norteamericana dejó de proveer hace tiempo: aventuras “más reales” e historias accesibles para cualquier persona sin importar edad o sexo. Pero ¿que son? El manga, serían las historietas mientras que el anime serían los dibujos animados. Pero el primero tiene varias décadas de ventaja con respecto al segundo ya que sus orígenes pueden rastrearse en el budismo antiguo del siglo XII, cuando un monje realizó una pintura que presentaba de manera cómica a unos animales actuando como personas. El cuadro fue revolucionario y demostró que el arte también podía ser un soporte de entretenimiento. De esta manera, no tardaron en producirse gran cantidad de dibujos de situaciones graciosas y, obviamente, otras tantas pornográficas. Sin embargo, este arte no tendría nombre sino hasta siete siglos después, cuando el artista Hokusai, utilizó el termino “manga” en 1814 para describir una serie de cuadernos que compilaban bocetos y dibujos que “fluían involuntariamente de su cabeza al papel”. Justamente, traduciendo literalmente el nuevo termino, “man-” significa “involuntario” mientras que “ga” es “pintura”. Para 1860 ya se editaban dibujos que guardaban continuidad entre si y se comenzaba a adoptar elementos de los comics europeos como la inclusión de los globos de dialogo y la reducción de los cuadros a cuatro.
La gran ola de Kanagawa de Hokusai |


