
Vanina A. Papalini, quien realizó el primer estudio académico latinoamericano acerca del “fenómeno manga y anime”, llegó a la conclusión que estos vienen a suplir una necesidad de los consumidores que la industria norteamericana dejó de proveer hace tiempo: aventuras “más reales” e historias accesibles para cualquier persona sin importar edad o sexo.
Pero ¿que son? El manga, serían las historietas mientras que el anime serían los dibujos animados. Pero el primero tiene varias décadas de ventaja con respecto al segundo ya que sus orígenes pueden rastrearse en el budismo antiguo del siglo XII, cuando un monje realizó una pintura que presentaba de manera cómica a unos animales actuando como personas.
El cuadro fue revolucionario y demostró que el arte también podía ser un soporte de entretenimiento. De esta manera, no tardaron en producirse gran cantidad de dibujos de situaciones graciosas y, obviamente, otras tantas pornográficas.
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